A Luis. después de Adelia.
Sabadomingo
Dicen, los que dicen que saben
que el pez por la boca muere.
Prometeo me mira desde otro lado del vidrio y basta.
Yo soy el pez en el aire.
Ayer y hoy se agarran de una silaba
y alguno me invita a ver lo que sabe hacer la muerte:
alguien dará el último brinco esta tarde
o cuando el sol le baje un sueño.
Se me antoja alguna otra variación de la memoria
entonces la recuerdo atenta y con vestido.
Pero la muerte me arrima más distancia.
Ya temprano hablábamos de huevos,
gallinas cerealeras, gatos, hierros, comadrejas.
Celebrábamos el entierro de la víspera
Por la cocina me muevo sin delantal, sabiduría ni accesorios,
preparo un almuerzo que no procuro terminar.
porque Prometeo se posa en la prosa
y me hace caer unas preguntas:
¿Se llamará Soren el hijo bastardo de Kierkegaard?
Ahora el niño reclama un almuerzo
pero pretende que aun la música.
Saca de su bolsillo unas monedas
Y este mediodía de cortinas
se merece el gorrión que lo desvela
para que yo, el pez en el aire,
pueda sentarme frente al anzuelo de la muerte que.
María Gabriela Piccini